sábado, 31 de diciembre de 2011

LA FORTALEZA DE LA FE


Desde siempre, ha habido cambios y fluctuaciones en el devenir de la humanidad. Hoy, con unas tecnologías al alcance de muchos (no todos), el hombre ha desarrollado una filosofía del vivir, que choca con la que de niño pude yo vivir en mi tiempo.

La honestidad, el honor, el bien hacer, el mérito del trabajo; todo eso ha sido echado por la borda y destinado a rellenar discursos melifluos o enfáticos, cuando seguidamente se perpetran las más bajas formas de ganarse a la gente, so pretexto de servir a las distintas sensibilidades.                           

El hombre natural es gobernado por lo que percibe con los sentidos, y elabora con su mente viciada por estos. El hombre de fe, está dirigido siempre por la pura palabra de Dios. Esta es su mayor tesoro y la luz segura que guía sus pasos continuamente a lo largo de su camino hacia su anhelada meta, que es la gloria de Dios. Esta palabra, da luz a su caminar, si bien en las circunstancias actuales que le rodean puedan presentarse tan innumerables obstáculos como realmente se le oponen.

Pero esa fe en la palabra y su mansedumbre al recibirla y ponerla por obra, alumbra abundantemente y no existe temor a equivocarse. ¡Dios es Luz! La promesa es preciosa y sumamente consoladora para todos: el que anduviere por ese camino por torpe que sea, no se extraviará. (Isaías 35:8).

Cuando Dios habló a Noé de un juicio de destrucción, no hubo para él ninguna señal insólita. Todavía, nada se veía que indicara siquiera por indicios visibles, la magnitud del cataclismo que se avecinaba; Noé no esperó a que se produjera señal alguna que diera satisfacción a su vista o a su intelecto deductivo.

Se aplicó con todas sus fuerzas y con todos sus recursos a construir el arca, pese a que todas las circunstancias ponderables por el hombre estaban en contra de la aparentemente insensata labor de construcción.

Pero la fe no cesaba de actuar. Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó. (Génesis 6:22). Como Abraham más tarde, Noé esperó contra toda esperanza y con esa fe condenó al mundo, y libró su casa y su vida.

Sin hacer el menor aprecio a las burlas de sus coterráneos, y apareciendo ante ellos como un loco sin control, se aplicó a obedecer la palabra recibida. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres,  y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. (1ª Corintios 1:25).

Para Noé y para el creyente hoy y siempre, lo dicho por el Señor determina todo. Un solo verso de la palabra de Dios, es una contestación amplia y definitiva para todos los razonamientos y las especulaciones de la mente humana sobre la materia que trata. Y más aun, de los extravíos de la mente de los paganos.

Así como Abraham tuvo que separarse de Lot, su pariente al que amaba y con el que había convivido tantos años, el creyente ha de separarse también de cuantas personas o cosas le impidan el caminar por el sendero de Vida.

Por aborrecible, considerará todo trato con hombres impíos, si de veras reina en su corazón el sólido amor a Jesús y a sus bellísimas y provechosas palabras y obras.

Abrahán se sostenía en su libertad y se pudo permitir, en la confianza de Dios, rechazar los dones que se le ofrecieron. Él confiaba en Dios y lo demás era cosa secundaria. Tuvo grandes riquezas para aquel tiempo y pudo también salvar a su pariente Lot, que se había extraviado tras la prosperidad y molicie mundana, que apetecía de los paganos que habitaban en las ciudades de la fértil llanura.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

¿PESIMISMO O REALIDAD?







Esta nueva generación no modificará las cosas como pretendían los estudiantes de los sesenta, sino que serán personas que no tendrán fuerza ni capacidad alguna de restauración, y sí de vulgaridad y de acomodación.

Ya han dejado de ser el porvenir de la regeneración. Solo esclavos de los vicios, que dan como buenos, y de una triste alienación a principios con los que no tienen relación alguna en su propia conciencia. Puedo parecer -y tal vez lo sea- muy pesimista, pero eso es lo que veo.

En definitiva, todo está prostituido. Se habla de libertad, de que cada uno haga lo que quiera, de que la moral es algo alienante y represivo, pero se clama al cielo por el perjudicado cuando se produce (por ejemplo) una infidelidad entre una “pareja”.

Deslealtad, traición, sentimientos etc. etc. ¿En que quedamos? ¿Fidelidad o no fidelidad? ¿Se apela a la moral cuando conviene, y se deja de lado cuando es molesta en otras ocasiones? Se es muy “liberal y se pone el “grito en el Cielo” cuando las cosas no nos vienen bien dadas?

Estos resultados tan amargos, y de los que los medios de comunicación se hacen eco con gran escándalo, son exactamente lo que decía el profeta del pueblo apóstata de Israel antes de ser destruidos: ni de sus obras serán cubiertos.

Es necio pensar que la mala conducta puede ser redimida mediante regalos al que es dueño de todo; Dios. Solo cabe ante Él, la rendición incondicional. Todos lo demás es inútil y engañoso. ¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío. (Job 41:11)

Todo en esta sociedad sea del signo que sea, es materialista a “marcha martillo”. Unos porque ávidamente acuden a cualquier medio para enriquecerse, envolviendo tal ambición en bellas palabras, aunque puesta en práctica sin ambages.

 Con discursos que parecen (por lo melifluos), sacados de los mejores místicos del siglo de oro español.  La prepotencia del dinero, y la vida dedicada a revolcarse en las más secretas y sórdidas actividades, se conoce por todos los que las padecemos.

Ni en unos ni en otros, quedan atisbos siquiera de espiritualidad, en un pueblo molido por la propaganda e intoxicado por el resentimiento, o tal vez por la supuesta superioridad de sus valores, Les vale más una jarra de cerveza, que todos los valores habidos y por haber.

Todos viven anestesiados por la bestia poderosa del poder y del dinero, con el consumo como acicate, para que corramos tras de ellos y los llevemos a nuestras espaldas. A los ricos y a los pobres, que estos últimos al fin y al cabo son ricos fracasados y frustrados.

Las gentes han sustituido el espíritu del Evangelio tan benéfico, aun contemplándolo solo desde el punto de vista social, por el “yo sé lo que me hago”. Contradictoria forma de pensar, que contrasta con el “victimismo” de todos cuando se toca por cualquiera, la parcela que les interesa.

Se habla de moral y de ética, cuando no hay ningún basamento que la sostenga, ni referencia ni otra cosa que retórica barata, pero que llega a las multitudes ansiosas de que se les dé la razón.

Las ideas no mueven a las gentes, sino que las gentes convocan a las ideas para justificar sus intereses materialistas. Es lógico dado que hay licenciados en ejercicio que tienen faltas de ortografía “hasta en las huellas dactilares” y escriben como un niño de parvulario. ¿Ideas? Ninguna. ¿Literatura? Decepcionante y de carril. ¿Arte? El de los publicitarios, si acaso.

Hasta los discursos más preparados, son por lo general un cúmulo de despropósitos, que solo pretenden ganarse el concurso de las masas, para aupar al poder a la persona o al grupo del que los pronuncia.

DEFECCIÓN MORAL

 

Es la gran defección de los estudiantes de la Universidad, en la cual quedan fuera casi la mitad de los que inician los estudios. De los que siguen, más de la mitad terminan una carrera de cinco años en siete, lo que es un aldabonazo más, ya que la desigualdad en vez de reducirse  se incrementará.

Lo tocaremos a su debido tiempo con carácter irreversible. Es fácil bajar las pendientes, pero difícil subirlas y más difícil aun, si estamos acostumbrados a la atonía y a la dejadez.

Las vocaciones de derrumban; solo queda el deseo de ser empleado sin responsabilidad, para poder cobrar cómodamente a fin de mes. El esfuerzo, recompensable, del estudio y la comprensión de los temas tratados en las aulas, y en la experiencia de relación, se reduce a unos conocimientos rudimentarios de las materias de estudio, solo  para salir del paso en los exámenes, flojitos y permisivos, pues hay que hacer salir una estadística favorable.

La familia (y esto es de rabiosa actualidad) ya no es el refugio y el estímulo que antes significó, sino que es una unidad de producción donde los niños permanecen horas y horas ante el televisor, adquiriendo y absorbiendo las más indignos enseñanzas de lo que, en ficción, se les muestra como una realidad que también es ficción.

Así se promueve la anarquía, y la temprana búsqueda de placeres, que llevan a la juventud a los más profundos pozos de la degradación moral. Se busca negar y librarse de toda autoridad; se cambia la utopía juvenil (todo lo errada que se quiera), por la búsqueda de la supervivencia tal como la conciben los países ricos, o la simple e inescrupulosa obtención del dinero sea como sea.

La culpa, dicen, la tiene la sociedad, y desde su punto de vista es bastante cierto, aunque voluntariamente ignoran que la sociedad y su moral se basan en el individuo. Todo proviene de la filosofía mundana, en la que el que no es rico se siente un miserable desplazado.

Los escaparates se encargan, junto a los anuncios televisivos, de ponernos delante unos estímulos que nos llevan directamente a la perdición y a la frustración más extrema.

De ahí los odios y las agitaciones sociales, la llamada lucha de clases, que sustituye a la tan cacareada solidaridad, por la pugna de ser el que se lleve “el gato al agua”. En otros casos desembocan en la droga, el alcohol y las más funestas formas de prostitución imaginables. Eso se llama ahora “civilización y progreso”.

“Y si se lograra por estos medios de dogma ad hoc, o de la policía, la cárcel, o el deshonor, obtener un mundo acoplado y sereno, no se ganaría nada moralmente, puesto que solo quedarían encadenados los actos y no la voluntad. Podrían ser de alguna forma correcta la acción, pero la voluntad continuaría siendo perversa”. (A. Schopenhauer)

Los estudiantes de hace cuarenta años se rebelaban contra una sociedad egoísta, y tenían en la solidaridad, el derecho, y la justicia, las bases para su acción y sustento de su utopía. Ahora ya todo se limita a seguir al partido, asociación, o alguna clase extraña de espiritualidad, etc., sin discernir lo que hacen.

Solo buscan acomodo, de cualquier manera, en una sociedad que descalifican, pero en la que quieren entrar a toda costa y sin el esfuerzo o el mérito, sino violando sus propias conciencias, y emborrachándose de ideas con las que realmente no comulgan y que entienden nocivas.

martes, 27 de diciembre de 2011

JACTANCIA Y HUMILLACIÓN



¿No habría entre todos aquellos hombres, recursos suficientes para conjurar aquella maldición de Dios sobre la tierra, ni guerrero, ni sabio, que con sus poderes pudiera conjurar este terrible castigo de Dios? Tanto poder y tanto conocimiento ¿no sería capaz de resolver como otras veces este peligro y detenerlo, mediante medidas que, según ellos, les permitieron siempre resolver las crisis anteriores?

No había más que un modo único, de evitar ser raído por los efectos de la maldición. Este fue provisto por Dios, y destinado y revelado al hombre de fe, y no al adivino, ni al sabio, ni al fuerte, ni al previsor. Solo hay comunicación con Dios por medio de la fe, y fue este instrumento el que Dios usó para revelar a Noé el juicio inminente, y la salvación particular que  solo a él reservaba.

Así cuenta la Escritura: Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aun no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. (Hebreos 11:7).

Dios hace que su palabra arroje luz sobre aquello que ordinariamente engaña el corazón no redimido, y rompe en ese momento el espejuelo brillante y atractivo a la vista, obra del diablo, que en realidad la  entenebrece. Es maestro de la ficción y la mentira.

El diablo procura tapar con su señuelo engañoso, la corrupción que hay  en este mundo vano, enemigo de Dios y por tanto efímero y destinado a la destrucción, sobre el cual ya se han pronunciado las voces del juicio divino. Enseña a los humanos (como a Jesús, en vano), los brillos y los deleites de la vida. Cuando la incauta victima se le entrega, le regatea todo cuanto le prometió.

De ahí, la paranoia general que reina en una sociedad en la que ya tiene uno que andar desconfiado, por si alguien trata de agredirte o perjudicarte de alguna manera. Hay miedo, incertidumbre y, por el contrario, una arrogancia y jactancia agresivas, en las personas desligadas de la influencia de la voluntad de Dios.

La familia se quebranta socavados sus cimientos por el espíritu del mundo, y ya no es fuera de la ley que una menor de trece años sea violada por un mayor de más de cuarenta “si ella consiente”. ¡Con trece años! Esto es (según el mundano), un avance considerable de los logros que vamos obteniendo.

No hace falta que las cosas sucedan en las calles o dentro de inicuos recintos que no son ni de nombrar, sino que hasta en los colegios ya impera la indisciplina y la violencia. Los padres no hacen nada por disciplinar a los hijos, y la legislación permite la más pura y descarada anarquía. Los profesores viven bajo amenazas ,y su labor docente ha de ser al hilo de lo “políticamente correcto”.

Siempre ha habido abusos de los fuertes sobre los débiles en los centros de enseñanza, pero estas situaciones eran atajadas tanto por los profesores, como por los mismos padres que se avergonzaban de las malas conductas de sus hijos, y los corregían severamente casi siempre.

Actualmente, si un profesor amonesta o castiga a un alumno, es muy probable que se encuentre con una actitud airada y hasta violentamente agresiva por parte de los padres del educando, en unos porcentajes escandalosos. La labor de profesor será pronto declarada de alto riesgo, como ya se pide en muchos centros de enseñanza.



RECOMENZANDO LA OBRA

¿De donde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?

¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?

¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?

Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios.
(Santiago. 4-4).

El efecto inmediato de la orden divina para destruir aquella humanidad rebelde y corrompida, fue que se descubrieron todas las raíces del mal que reinaba en el interior de la apariencia de paz y prosperidad, en medio de la violencia real de aquel sistema enemigo y desdeñoso de Dios.

Entonces se podría comprobar si el hombre dominaba y podía realmente controlar las fuerzas de la creación, y así poder demostrar que su desprecio a Dios tenía base sólida y eficaz  en el poder del  hombre. A partir de entonces su suerte estaba echada, y Dios se había provisto de los medios para continuar su obra sin contar con aquellas gentes, desleales e infatuadas en su progreso y civilización.

Tal  como sucede en la era que vivimos, para ellos Dios no contaba y para Dios que en su paciencia los había soportado, dejaron de ser útiles para sus designios eternos, y de ninguna forma merecedores de su amor y su protección. Ignorando voluntariamente los dones de Dios o rechazándolos en su orgullo, atrajeron sobre sí la ira de Dios, Creador y Mantenedor.

Fueron destinados irreparablemente a la destrucción, en la manifestación terrible de la ira de Dios. Engreídos y ufanos por sus realizaciones y de su autosuficiencia, creían en su perpetua vigencia como ocurre igualmente hoy.

El hombre se infatúa al contemplar sus logros, tal como Nabucodonosor cuando contemplaba petulante la hermosa ciudad de Babilonia, sin poder imaginar lo prontamente que sería presa de sus enemigos. ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad? (Daniel 4:30).

En tiempo de Noé había satisfacción para muchos; las cosas marchaban bien. Había buenos arquitectos que construían edificios, monumentos, etc., valientes guerreros y bellas mujeres que gustaban de oír elaboradas músicas, y diversiones para los momentos de ocio que serían muchos.

Cultivaban la tierra, escrutaban los cielos, y eran poseedores de ganados, caza, bosques, etc. Todo era prosperidad y nadie podía pensar que, en aquellas circunstancias, pudiera caer sobre ellos una calamidad de tal magnitud como la que se preparaba.

Un juicio tan sumario e inminente era totalmente impensable, según el parecer de las gentes, y  ni siquiera se ponderaba hasta que comenzó el anuncio de Noé. Ellos estaban ocupados en sus asuntos y, como Jesús señaló, vivían totalmente ajenos a un juicio de Dios irrevocable e inminente. Para ellos todas sus actividades eran tenidas como buenas, pues les proporcionaban bienestar y satisfacían sus deseos y extravíos.

Pero Dios había manifestado ya su oráculo solemne e inmutable. ¡Destruiré la tierra! ¡Cuan negra sería la sombra de ese veredicto terrible, que arrojaría tanto mal sobre la escena de aquella gran prosperidad tan gratificante a los ojos del hombre!

¡Cuan acongojado quedó el corazón bueno de Noé al recibir la orden de Dios, y comprobar que todos los eufóricos pobladores de la tierra serían totalmente destruidos por aquel juicio determinado irrevocablemente! El arca en construcción, era el manifiesto de la incuestionable profecía, y el instrumento de la condenación de todos ellos.  

lunes, 26 de diciembre de 2011

DETERMINACIÓN Y REGENERACIÓN INAPELABLE DE DIOS


Toda carne estaba incluida en aquella condenación y destinada a la destrucción, como indigna de habitar el mundo según el designio señalado por Dios que dijo: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado. He decidido el fin de todo ser. (Génesis 6:7, 13).

No era el fin de una parte de la carne, porque toda se había corrompido delante de un Dios santo y paciente, y no era posible reconstruirla desde la base del mismo rampante pecado.

Se había puesto a prueba toda aquella generación y,  como más tarde a Sodoma, se la había hallado indigna y vana. La imposibilidad de una manumisión se revela en el mandato dado a Noé. Haz para ti un arca de madera de gofer. (Génesis 6:14)

La acción empezaba, a partir de la orden dada a Noé, aunque ya se había puesto en marcha mucho antes en el corazón de Dios. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Yahvé. (Génesis 6:8) Solo la gracia valió a Noé a pesar de ser… varón justo y perfecto en sus generaciones y caminó con Dios. (Génesis 6:9).

Noé comprendió el cataclismo que se cernía sobre toda la humanidad tal como hoy comprendemos nosotros, los que esperamos al Señor, el juicio que se avecina. No se trataba de un castigo parcial ni de unas pruebas en las cuales se podría ofrecer aun una salida redentora.

Era la destrucción total y una regeneración contando solo con Noé. Así ahora, la restauración se hará también contando solo con nosotros los creyentes, judíos o de otras razas cualesquiera, por la gracia y el propósito de Dios en Jesucristo.

Tal determinación no entraba dentro de las mentes de los paganos de aquel tiempo, del mismo modo que tampoco cabe ahora en la de los que viven hoy. Es objeto de burla cuando no de escarnio, ya que este evento va contra su optimismo, contra la pretensión de poder controlar sus propias fuerzas.

Hay una potencia que impide la entronización del poder del hombre cuando procura constante y obstinadamente que Dios no tenga parte en sus vidas, y elaboran y ponen en práctica sus insensatos planes. Y esto es más realidad de o que se cree.

Los paganos, en su engreimiento y desobediencia, creen que han superado en poder y sabiduría, los divinos planes del Creador. Igual que en Babel, su propósito era hacerse un nombre y destronar a Dios expulsándolo de su propia creación que ellos pretendían usurpar.

Sus consecuciones y sus proyectos serían el signo de su ansiada y pregonada emancipación. Esa emancipación, que les lleva al orgullo y a la envidia con su secuela perenne de guerras, rivalidades y destrucción final, para comenzar de nuevo la misma secuencia.

En estos tiempos de apostasía y desorden muchos claman por la anarquía que ya no solamente aparta a Dios, sino que desprecia también toda autoridad de otros hombres, y así nos acercamos aceleradamente a la destrucción. El sueño de la razón produce monstruos”, como vemos hoy continuamente.

Monstruos a los  que se intenta conjurar con medidas y añagazas inútiles, ya que las heridas han de ser abiertas y limpiadas para que se puedan curar. El hombre crea el monstruo, y después se fatiga buscando las armas para destruirlo.

La burla de ellos, solo es inseguridad y miedo interior. De ahí la paranoia más o menos ostensible que predomina en la humanidad. Y como siempre -para el provocador- la culpa la tiene Dios.

viernes, 23 de diciembre de 2011

ORIENTACIÓN SIN FALLOS

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.

Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. (Gálatas 5:22 y ss). Debo aclarar que dejar a los padres, no quiere decir abandonarlos, sino salir de su potestad, para emprender su nueva singladura con su esposa y su propia nueva familia.

No se podrá decir que estos consejos son para mal. Son para la armoniosa convivencia que, tierna y firmemente, es fiel a la alianza con el mismo Dios en Jesucristo. Si el lector no lo cree así, es libre de adoptar sus propias conclusiones y decisiones, de las que solo él será responsable.


Pasa a veces que tenemos a Jesús ante nuestros propios ojos, pero como Magdalena no lo vemos. No nos damos cuenta ni esperamos que las personas o situaciones que enfrentamos o contemplamos, escondan al mismo Cristo que está delante de nosotros. Eso naturalmente nos impide examinar las cosas desde su recta perspectiva. Andamos ciegos y envueltos en la vorágine del mundo, de nuestras propias querencias y aspiraciones profanas.

Muchas personas, sobre todo mujeres, protestan contra el mandamiento de someterse a los maridos, pero como se ve claramente en los versículos citados anteriormente, el mandamiento es de sometimiento mutuo y voluntario, que no es lo que se tiene por el vulgo de «sometimiento esclavista». Repito: Someteos unos a otros en el temor de Dios

Este mandamiento obliga a los hijos con los padres… y a los padres con los hijos: Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor. (Efesios 6:1).

“Ocurre que estamos demasiado cristianamente lejos de la demasiado injustamente criticada «sumisión a la voluntad de Dios» que podría reblandecer, destemplar el buen acero de la voluntad humana, blandido contra las fuerzas de las tinieblas y el debilitamiento. (Teillard de Chardin)”.

La voluntad de Dios, siempre está al cabo de donde acaban nuestras fuerzas, y él puede empezar a actuar en nuestras cosas y en nosotros. La mayoría de los males que nos afectan, son por causa de nuestro descuido y pecado.