sábado, 11 de febrero de 2012

DESCUIDADOS



Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente.
¡Ojalá fueses frío o caliente!
 pero por cuanto eres tibio y no frío ni caliente
te vomitaré de mi boca.
Porque tú dices: yo soy rico y me he enriquecido y de nada tengo necesidad;
y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego e indigente.
(Apocalipsis. 3:15-16-17)


Si estás en Cristo no puedes estar en el mundo, ni de parte de los mundanos. No es preciso que los desprecies; solo es necesario que los ames, apartado de ellos por causa de sus enfoques, filosofías y obras.  Parece difícil de entender, aunque Dios sabe ponerlo al alcance y comprensión de los que le aman.  


El mismo Señor dijo claramente: separados de mí nada podéis hacer... El que en mí no permanece, será echado fuera (Juan 15) Y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. (Juan 17) Meditemos con reverencia esta actitud de Jesús, en la seguridad de que hallaremos consuelo e iluminación, para seguir nuestros pasos, en las mayores pesadumbres que tengamos que pasar por amor al Reino.


Es por eso, que es tan grave y no liviano descuido, dejar la práctica de la lectura de las Santas Escrituras, la meditación y la oración, para atender a muchos asuntos profanos que muchas veces no son solo inútiles, sino perniciosos en grado extremo.


Esto se hace con una frialdad y una despreocupación que espantan, y esto entre los creyentes. ¿Cómo no nos damos cuenta de lo mal que estamos empleando nuestro tiempo, que no nos pertenece sino en orden a la gloria de Dios?


Creemos que pasar el tiempo en distracciones y devaneos es cosa de poca importancia para el creyente. A juicio de las gentes incrédulas no son malas, ni ellos hacen nada reprobable. Obviamente el que tiene en poco su vida eterna y el servicio a Dios, es así como piensa y actúa.


¿Que hacía Abraham en el desierto casi inhabitable? Desde una perspectiva mezquina y utilitaria, nos parecería que perdía el tiempo y los mejores  años de su vida, cuando tan tentadoramente fácil le hubiese sido volver a su tierra. (Hebreos 11:15) Él esperaba del Señor otra cosa mejor, según su fe en la promesa divina, y allí aguardaba sosegadamente el cumplimiento de la bendición.


Abrahán vivía sin tener presente otra cosa que obedecer la voluntad del Señor, siendo receptáculo del principio de la manifestación de su maravillosa providencia. Dios contó con él, y él a su vez sintiéndose movido por Dios, se mantuvo en el lugar que se le había asignado. La tierra que habrían de poseer sus descendientes.


Ese era su lugar, y su estar; nada más. Solo tenía que morar en aquella tierra y mirar al Señor. No careció nunca de compañerismo y amistad por parte de Dios, que le acompañó fielmente por dondequiera que anduvo, sosteniéndole y librándole,


Aun en sus más penosas defecciones a causa de su humana debilidad. Abrahán siempre contaba con el Señor. Es cierto que alguna vez pecó por miedo o voluntarismo, pero siempre le sostuvo el Dios de la promesa. ¡Aprendamos!

viernes, 3 de febrero de 2012

FE Y VALOR.-.COMO JESÚS




Hace falta, y hay que reconocerlo, mucha fe y mucho valor para enfrentarse desnudo de poderes humanos a la bestia dominadora e implacable. Dios sabe también eso mejor que nadie... fiel es Dios, que no os dejará ser tentados mas de lo que podáis resistir, sino que dará juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. (1ª Corintios 10:13).

La recomendación es clara. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, borracheras, orgías, disipación y abominables idolatrías.

A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. (1ª Pedro 4:3,4)

Esta separación de todo lo que tenga que ver con las costumbres de los paganos, trae consecuencias importantes, en cuanto a la relación con ellos. El apóstol Pedro no duda en decirlo claramente, como hemos leído, por que así era en su tiempo, y el ultraje nos amenaza hoy también.

Esto es insoportable para el hombre de poca fe, y duro para el fiel; no obstante es la medida de Dios para nuestras obras y nuestro testimonio, y el mandato irrevocable, irresistible, y sobremanera imperioso. No admite nada de controversia, ni rebaja en su exigencia.

Nadie nos ha dicho que la puerta fuera ancha y el camino suave y trillado. La puerta es estrecha y el camino angosto, pero así lo decide Dios, y así nos lo confirmó Jesús. O con Él, o contra Él: este es el desafío claro y apremiante. Y además para más dificultad y mérito del Espíritu, la puerta no es fácil de encontrar para el hombre elegido. (Mateo 7:14)

La perla de gran precio ha de ser adquirida a cambio de desprenderse definitivamente, de todos los haberes del hombre entendido que la adquiere. (Mateo 13:45,46)

Significa separación, y desprendimiento de todo lo que sea obstáculo para obtener el premio eterno. Solo depende del valor que concedemos a la vida eterna, y a los medios de acercamiento y entrada en el reino eterno de nuestro Señor Jesucristo.

Toda objeción, se debe a que queremos alcanzar el agrado de Dios viviendo como mundanos, y tratando de simultanear “Mundo y Cristo”. Y no hay nada más contrario que estos dos caminos. Son absolutamente incompatibles.

FIDELIDAD DE JESÚS AL PADRE ETERNO.



Es bien claro el dicho de Jesús: Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9) Basta con creerle. ¡Vamos pues con Él adonde nos quiera llevar, que es lugar deleitoso y gratificante en grado sumo! Él nos muestra la senda estrecha que lleva a la vida.

La ancha la recorren los mundanos, no sin graves perjuicios para ellos en esta vida y además la condenación eterna. ¡Apartaos de mí! (Mateo 7:23) Terribles y estremecedoras palabras. ¿Quién tendrá que oírlas?

Jesús pidió al Padre que le librara de la pasión, del abandono y de la maldición que habría de llevar por todos los hombres. En el huerto de Getsemaní sudó gotas como de sangre, y su alma se angustió hasta la muerte; pero allí soportó, y allí triunfó.

El discípulo no es más ni mayor que el maestro, (Lucas 6:40) y nosotros, ante cualquier evento, por muy duro que nos parezca, hemos de conservar nuestra posición, en la seguridad de que procediendo de esta forma hacemos la voluntad de Dios.

Jesús la hizo en el trance de la muerte; y hasta el final, aún cuando era abandonado por su Padre amado, supo decir las palabras mas sublimes de la boca de un ser humano. ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! (Lucas 23:46)

Hasta el último instante de su vida terrenal, y en el duro trance de maldición y muerte afrentosa, confió en el Padre. Jamás dudó de Él ni creyó que allí terminaba todo, sino que era precisamente el comienzo de la acción del Padre y del Espíritu Santo; para con los hombres y la liberación de estos. (Lucas 23:46).

Reconozcamos que somos muy amigos de la comodidad que puede proporcionarnos este sistema de vida actual, y de las ventajas que nos puede reportar el allanarse a la forma de vida dominante y opresiva de estos tiempos. ¡Se está aparentemente tan bien en la seguridad mundana, y en la amistad con el enemigo!


jueves, 2 de febrero de 2012

SERVICIO Y CONFIANZA EN DIOS

 

Abraham no se tomaba tan a la ligera como tantos hacemos hoy, las promesas de Dios, así como sus condiciones para recibirlas. No era servidor de una ley arbitraria, sino de la voluntad de Dios. Como él tenemos que ser no solo oidores, sino también hacedores. (Santiago 1:22)  

¡Que ejemplo para los cristianos en todo tiempo! No quiso entablar relaciones de parentesco con los extraños. A pesar de que en aquellas tierras el extranjero era él, permaneció en aquella tierra extraña por mandato y donación del Señor, porque le pertenecía desde que se le hizo la promesa.

Él habitó fielmente en la tierra donde Dios le estableció, pero permaneció totalmente apartado de las gentes de aquellos lugares, de tal forma, que no aceptó para tumba de su amada esposa Sara, el regalo de la tierra que le ofrecieron los hijos de Het. (Génesis. 23)

Por dinero la compró para no deber nada a los extraños, a pesar de la amable insistencia de ellos, como no aceptó los dones ofrecidos después de “la batalla de los reyes”. No consintió comprometerse con extraños, y no consintió que nadie dijera: Yo enriquecí a Abran. (Génesis 14:23.) Él solo aceptaba lo que procedía de Dios.

Es notable comprobar la posición de Abraham, que siendo extranjero en aquellas tierras actuaba con mansedumbre ante los hijos de Het, mas con una autoridad y una superioridad propia del que es hijo de Dios. Solo en alguna ocasión erró el mandato divino y empezó a tener graves dificultades, si bien estas fueron solventadas por el poder y la intervención del Señor.

Su leal comportamiento para con Dios, hizo que los paganos reconocieran, por su íntegra conducta, su carácter de hijo del Dios viviente. Ahora el creyente ha de vivir en tierra extraña como peregrino, pero ha de conservar la gallarda posición que adoptó Abraham, conforme crecía en la relación y conocimiento del Señor.

Muchas mujeres había en aquellas tierras que tal vez ambicionaran casarse con Isaac, y él no puso atención en ninguna. Esperó pacientemente que su padre, en obediencia a Dios, proporcionara lo más conveniente.

Pese a las dificultades del viaje y a lo incierto de la elección, al final recibió de Dios la esposa que amó en la propia tienda de su madre, Sara, la llamada para la progenie y pueblo de Dios.

Así fue que la descendencia fue destinada como él mismo, a cumplir el propósito del Señor. Toda frase de la Escritura tiene su arcano, para descubrir por el hombre de Dios.

¿No te dicen mucho a ti, joven que me lees, estos hechos y estas actitudes y comportamientos? tú que anhelas amor y descendencia, y que esperas mansamente en el Señor para que Él te proporcione aquello que realmente te conviene ¿No es un aliento maravilloso?

En verdad es que a veces parece que se hace desalentadora la espera, y no siempre da como fruto aquello que esperamos, aunque continuamente se tiene la limpia conciencia de estar dentro de la voluntad de Dios, conociendo que es la posición que a Él agrada, y por la que retribuirá generosamente sin duda. (Mateo 19:29)

PERMANECER EN DIOS (QUE NO ES FÁCIL)


A Lot le tuvo que sacar Dios apresuradamente de Sodoma, después de padecer afrenta y ser humillado por aquellos con los que cohabitaba, y con pérdida total de todo lo que había acumulado de riquezas y posesiones, de relaciones y amistades. Todo fue destruido por el fuego, y solo su parentesco  con Abraham y por ello, el favor de Dios, le valió a Lot para ser sacado de aquel horno ardiente, aunque apresuradamente y  en el último momento.

Quisiéramos que este ejemplo sencillo y ejemplarizante, convenza a cualquier cristiano atento y que busque la verdad, de que la separación es el método de Dios para todos nosotros los que creemos, y su objetivo es nuestra verdadera libertad, y purificar para sí un pueblo celoso de buenas obras. (Tito, capítulo 2) 

Abraham permaneció en el monte con sus ganados sin querer disfrutar los placeres que existían en la ciudad, pero fue amigo de Dios y conservó vida, bienes y paz, al permanecer alejado de todo lo que para Lot era prosperidad, y una forma de vivir avanzada y refinada.

Abraham por esta fe y confianza consecuente en el oráculo de Dios, aunque era hombre falible y tuvo que padecer a causa de sus naturales debilidades (como también nosotros), se cuidó muy bien de no entregar a su hijo Isaac, heredero de la promesa de la bendición de Dios, a las depravadas mujeres cananeas.

Envió a Eliezer, su mayordomo, con camellos, criados, presentes y bajo juramento, a buscar esposa para su hijo entre las hijas de su propio pueblo. (Génesis 24: 8) Desligó a su criado de la obligación del juramento, si la doncella a la que iba a buscar para Isaac, no quería acompañarle a la vuelta, pero puso como condición última que de ninguna manera llevase a su hijo a su contaminada tierra de origen.

El heredero de sus bienes terrenos y la bendición divina, no podía salir de la tierra y volver de nuevo a la tierra de donde su padre fue sacado para no contaminarse. No se había de hacer un movimiento que comprometiera el cumplimiento de la promesa del Señor, de entregar aquella tierra a sus descendientes en la simiente de Isaac.

Abrahán muchos siglos antes, hizo válidas y efectivas las palabras de Dios tal como posteriormente dijo Jesús. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama. El que me ama mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (Juan 14:21-23). Solo permanecer en su amor, y todo lo demás se nos dará por añadidura. O lo creemos o no. Pero no se discute si se cree; y tampoco si no se cree.

martes, 31 de enero de 2012

TRAS DEL ENEMIGO DE LOS HUMANOS


Los repetidos, y perfectamente detallados ensayos para explicar la marcha de la humanidad, solo miran lo que pueden ver. No profundizan en el meollo de la situación, pues su mirada es miope para distinguir la profundidad de la rebelión, y la marcha cada vez más veloz hacia la nueva hecatombe.

Internet se llena de profecías de la más distinta extracción. Los mayas, los profetas de cada tendencia “cristiana”… y bueno, la multitud de sucesos que se producirán (desde luego con bases “científicas”, etc., faltaría más) Los sombríos presagios cristianos que más se acercan a la realidad profunda, no son tenidos en cuenta; a lo sumo se le da una importancia anecdótica y secundaria.

Las gentes cierran los ojos para no ver la verdad, y creen que saben todo sobre todo. No hay ceguera más aguda. Si fueseis ciegos, no tendríais pecado; mas por cuanto decís: vemos, vuestro pecado permanece. (Juan 9:41). Eso decía Jesús, a los que se jactaban de conocimiento y rectitud y se puede aplicar a los “sabios” de ahora; a los agoreros, adivinos, espiritualistas y profetas de la nada.

Anden los palabreros y los más estrafalarios personajes, diciendo y haciendo los despropósitos más indignos y repugnantes, y lo considerarán cultura y formación de las masas en el conocimiento “libre” de las cosas. Háblales de la verdad, y te miran de reojo y se ríen, porque te consideran un tarado fanático. Ellos (claro está) no lo son, aunque ninguna de sus profecías se cumpla. Sarcasmo y más se merecen.

Personajes de las más extrañas extracciones y cataduras, parásitos indignos, burdos, son escuchados con avidez por las masas corrompidas, y lo que dicen se bebe como ambrosía. Es “el signo de los tiempos”, la corrupción generalizada. Pero ni así aprenden.

Es verdaderamente insólito contemplar hoy día, en la plenitud de la civilización, la muchedumbre de magos, adivinos, y el innumerable cortejo de embaucadores, que se acusan unos a otros de falsedad en foros públicos de grandes audiencias, y a los que sin embargo, no les falta abundante clientela entre pobres y ricos, avispados y torpes.

No es asunto trivial y de poco interés como actualmente se considera por la mayor parte de los creyentes. Los cristianos debemos hacer bueno para nosotros, el mandato de Dios a Jeremías. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo como muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti pero no te vencerán: porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice el Señor. (Jeremías 15)                

Lot era un buen hombre y justo según la Escritura, y hasta se abrumaba por  la nefanda conducta de los malvados. Porque este justo que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos. (2ª Pedro 2:7)

Vemos claramente el ejemplo de un justo, abrumado cada día a causa de estar rodeado y envuelto en la iniquidad, pero  no se marchaba de la corrompida ciudad. Sus hijas y sus yernos, su propiedad, y  todo otro tipo de consideraciones, le impedían apartarse de aquel laberinto de maldad en donde él mismo se había involucrado.

No es nueva esta confusión para el hombre. Es imagen misma del creyente de hoy, que estando lleno de devotos pensamientos hacia Dios, no da el paso definitivo de separación de tales gentes y sus obras, y atrae neciamente sobre sí los juicios del Señor.

Es tan necio estar lejos de Dios como estar cerca y no hacer aprecio a los tesoros de piedad y dones espirituales que Él libremente ansía otorgarnos.: No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi padre que está en los cielos. (Mateo7:21). 

martes, 24 de enero de 2012

GRANDEZA Y VILEZA HUMANA

                 

Hoy casi todos se van en pos de las supersticiones más burdas imaginables, y los más aparentemente inteligentes y todo el  resto del pueblo, ignorante voluntario, corren como orates tras las adivinaciones y sortilegios que se anuncian hasta en la televisión.

¡El hombre moderno! ¡La bestia del siglo XXI! ¿Es esta la tan adorada  y magnificada razón? ¿Y solamente para coronar este bodrio, rechazan o abandonan a Dios? ¿Para hacer cola ante las ventanillas de la lotería, esperando que sea elegido nuestro número entre millones de ellos? ¿O considerar la fe como una quimera, y en cambio caer en las más groseras supersticiones?

Hoy tenemos mucha técnica, pero participamos de la misma ignorancia y los mismos vicios y abominaciones de los tiempos de Noé. Era esto mismo, lo que prevalecía en tiempo de Noé y en tiempos de los profetas; el orgullo y la misma entronización del hombre.

Ellos, despreciando a Dios como soberano valedor de todas las cosas, se atribuían el poder de gobernar la tierra, y proporcionarse a sí mismos orden y moral. Con esta clase de gentes, aun nos atrevemos los cristianos a participar, aunque sea en contra de lo que Dios ha dispuesto para los suyos.

No estamos contra la convivencia pacífica, ni contra la comprensión hacia todos, en lo que a nosotros espiritualmente no nos concierne. Se trata de que si somos lo que manifestamos ser, y si andamos en las costumbres de las gentes, hayamos de aceptar la enérgica admonición de Dios.

No aprendáis el camino de las naciones, ni aún de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad. (Jeremías, 10: 2-3)

Dios lo quiere todo a su soberana manera, y no como imaginan las gentes con sus sofisticadas, ridículas, y falsamente filantrópicas formas de opinión y comportamiento. Todo lo que no moleste su pretendida superioridad sobre la palabra de Dios, es escuchado con agrado, atención, y con el máximo respeto.

La palabra de Dios, y sus resultados en conducta y apreciación moral de las cosas, es temida y por tanto atacada y despreciada agriamente por todos los escépticos. Pronunciar el nombre del Señor Jesucristo es casi ofensivo para ellos, u objeto de una sonrisa irónica.

La profecía bíblica es casi desconocida y despreciada por todos, que solo van a fuentes espurias a beber de un manantial pisoteado y embarrado con el lodo maloliente de la superstición y el engaño. La adivinación y toda clase de mancias, tienen gran predicamento entre las gentes y son negocio hasta en televisión.