El matrimonio cristiano no es complicado. Se trata de dos personas que, conociendo a Dios, se alían para hacer su Santa Voluntad, en el convencimiento que, de hacerlo, serán los receptores de grandes y hermosas bendiciones, y unos hijos que los honrarán y serán también bendecidos por Dios. (Efesios 5:1). Es un pacto entre tres.
Las veleidades que como seres humanos puedan sufrir, son pecados que tienen su arrepentimiento, confesión y perdón, pero han sido pecados y no otra cosa. Tratar de calificarlos de faltas, errores, y multitud de otras formas de minimizarlos, no quita la realidad de que esas caídas son exactamente, pecado.
A los que han caído, hay que decirles, si ellos no lo reconocen, que eso es pecado con toda su gravedad, pero confesado y en arrepentimiento total, es arrojado por Dios al abismo de donde no saldrá jamás para acusarte. Has sido ya perdonado. No te acuses tú; por que Dios, ya no te acusa.
¿Qué te creías? No eres más que un ser humano sujeto a estas caídas y veleidades. Jesús no murió (permítaseme esta licencia humorística) por que tú te metes un dedo en la nariz, o porque emitiste una ventosidad inadecuada en sitio inadecuado. No amigo mío; para eso no murió Cristo. Por lo que se entregó a la muerte fue por algo muy perverso, e irresoluble para la capacidad del hombre,
Jesús murió por todos los pecados del mundo que cuanto más grandes, más justificaban tal sacrificio y tal esfuerzo de Dios. Esfuérzate tú y sé valiente para cumplir las directivas de Dios, y todo te irá bien. Por otra parte, tengamos lástima por los que se creen perfectos, porque están equivocados. Porque si son perfectos ¿para qué la cruz? ¿Solo para otros que no se salvarán?
Tal vez estabas tan ufano con tu justicia y tu buen hacer, que pensabas que cuando Cristo vivió murió y resucitó por ti, había terminado la función. Ya lo demás estaba en tu mano, en tus fuerzas, y en tu voluntad, y no es así.
La santificación diaria, que no es un mero beaterio, sino una actitud y conducta seria y esforzada, es también vulnerable por parte del enemigo de la verdad. Todos somos vulnerables y nadie se fíe de sí mismo, porque la única fortaleza inexpugnable es Jesucristo.
Este enemigo ataca con menos rigor a los que son suyos (ya los tiene), pero a sus enemigos, que son los de Cristo, a esos ataca con toda su virulencia, aun más fuerte cada día, cuanto más avanzamos en la relación con Jesús.
Y para los que cada día se esfuerzan en la santificación diaria con sinceridad, y reconociendo la soberanía de Dios, a esos emularlos sanamente. Son los avanzados de los siete mil simbólicos, que no doblan la rodilla ante el falso dios de este mundo.
En cuanto a lo que se difunde continuamente por todos los medios de comunicación, sobre el matrimonio cristiano como una especie de esclavitud, ni me detengo a comentarlo. Los que hablan así, no conocen las dulzuras y grandezas de un matrimonio en el Señor.



